lunes, 29 de octubre de 2012

El urinario público


Articulo publicado en la Revista de Apuntes Históricos de 1995


Jaime Guerra Martínez. 

A la memoria de Andrés Jobacho 



Que desilusión sufrieron 

los hijos de esta ciudad 

con el urinario que pusieron 

frente a lo de Bernal... 



     Esta letrilla cantada por una murga carnavalesca alcalaína de los años 30, acompañada por la solfa, salida del agujero de unas cañas ocluidas por una especie de tímpano de papel de barba, recoge la manifestación popular de los menos pudientes ante el cobro de un estipendio por la utilización del recién inaugurado urinario público situado en el entonces Paseo de la República. 

     Como en el cuento de Ramón Carnicer, “Las rutas del progreso” alusivo al urinario de Villavieja, el nuestro se convirtió en un símbolo de libertad para unos pues suponía dotar a la población de un servició público necesario y desmitificar algo tan natural como la regularización de una necesidad fisiológica, mientras para otros atentaba a la moral al sacar a la luz pública algo que debía hacerse en casa. Pero había que preguntarse en cuántas casas había servicios en condiciones para satisfacer tal menester, amén del cubo de lata en el que ir depositando las “echadas de vientre” hasta la anochecida, guardadas celosamente como un tesoro de moscas. 

El urinario

     Sean cuales sean las opiniones lo cierto es que nuestro urinario nació, vivió y murió en la polémica de la década más azarosa del S. XX español, la década de los 30. Hoy sólo tenemos de él la memoria de los mayores, su imagen fotografiada y los expedientes de nuestro Archivo Municipal que no es poco. Falta solamente darle luz pública y en ese menester me encuentro. 

     Me queda por saber qué se cogió en aquel hexágono “pirapitrópico” mientras los hombres gorrineaban. ¿Qué había escrito en sus paredes interiores, cuántos comentarios y presunciones quedarían envueltas en la atmósfera etílica del orín e incrustado en sus piletas amarillentas. 

     La obra se incluyó dentro del conjunto de construcciones qué la administración republicana local tenía previsto realizar (Escuela, Mercado, Paseo, Biblioteca,...) para mejorar las infraestructuras de nuestro pueblo a todas luces deficitarias en muchos servicios. 

     Con tal objetivo la Corporación municipal, presidida por D. José Sandoval Moreno, con fecha 26 de Junio de 1931, tomó el acuerdo de construir un “retrete” frente a la casa de D. Domingo Bernal en el Paseo de la República trasladando dicha gestión a la Comisión Permanente de Fomento. 

     El "Urinario Público" fue construido entre la primavera y el verano de 1932. Su forma era la de una hexágono cuyo lados se correspondían con las 6 piletas interiores. Estaba rematado por una montura de tejas, bastante armónico y típico. 

El urinario público , a la derecha en la fotografía

     Sin embargo ni su situación fue la más adecuada, ni el grado de limpieza de la instalación era el necesario, provocando airadas protestas de algunos colectivos ciudadanos, que veían además demasiado público lo que para algunos debía ser más intimo. Nació pues tocado de alas, máxime cuando su uso no era gratuito, debiendo pagarse unas monedas para el mantenimiento y el guarda que regulaba “las meadas”. 

     En medio de la polémica D. Andrés Jobacho, maestro albañil, con fecha 8 de Septiembre de 1933 elevó escrito al Iltmo. Ayuntamiento solicitando autorización para suprimir el evacuatorio y construir uno subterráneo, si a cambio le ceden los materiales y el terreno del antiguo. Las razones esgrimidas eran la falta de higiene, la pérdida de visibilidad del Paseo y la falta de estética y alineación de la fachada en construcción. El lugar escogido era justo un subterráneo, junto al urinario, situado bajo una casa de su propiedad, en construcción, y que se corresponde hoy con el local de comercio que regenta la Srta. Gertrudis Fernández. 

     El 20 de Septiembre don Andrés Jobacho retira solicitud, pero vuelve a presentarla más tarde y es tratada en el pleno el 22 de Noviembre, quedando sobre la mesa por falta de Concejales. El 29 de noviembre la Corporación debatió el tema y acordó “nombrar una comisión de estudio” que quedó constituida por: 

     El concejal, Sr. Muñoz Márquez, el Maestro de obras, Gaspar Ramírez Rodríguez y el Maestro de obras, Bartolomé Marchante Barroso, para que se pronuncie sobre el lugar y estudie el tema. 

     El 2 de Diciembre de 1933 la Comisión con la sustitución de Bartolomé Marchante, que estaba ausente, por José Domínguez emite informe favorable, puesto que el nuevo retrete ofrece la misma superficie, los mismos evacuatorios, los mismos sumideros de aguas menores y la misma calidad del material de construcción. 

     El 11 de Diciembre de 1933 Gaspar Muñoz dirige escrito al ayuntamiento en el que expone: 

     Que ha informado como albañil junto a los compañeros de oficio que componen la Comisión. 

     Que al no consignarse en el informe el sistema de construcción expone a sus compañeros de corporación para que aprueben una serie de condiciones. 

     En la reunión de la Corporación del 13 de Diciembre se acuerda dar traslado del expuesto de Gaspar Muñoz a Andrés Jobacho para que dé su conformidad o proponga sus condiciones en la construcción. 

     El 3 de Febrero de 1934 el Sr. Jobacho expone sus condiciones y aporta plano del urinario subterráneo. 

Plano presentado por Andres Jobacho en 1934

     El 7 de Febrero el proyecto del Sr. Jobacho es aprobado con el voto en contra del Sr. Muñoz Márquez. 

     El 22 de Septiembre el Sr. Jobacho cuenta con todos los permisos, incluido el visto bueno del Cuerpo Nacional de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Provincia de Cádiz y la autorización de obra del Iltmo. Ayuntamiento (26 Septiembre). 

     Sin embargo ni el urinario hexagonal se derribó, ni el subterráneo se construyó. Razones: el cambio en el gobierno municipal tras el triunfo de la CEDA en las elecciones de Octubre de 1934, que propició también en Alcalá el cambio del gobierno municipal. Así en Marzo de 1938 se propone la construcción de uno nuevo en el ángulo formado entre la Plaza de Toros y la Calle Sánchez Flores, en un solar resultante del derribo de una casa en ruinas. Contaría con 6 departamentos urinarios y debería estar alicatado con los azulejos del antiguo retrete hexagonal. Su presupuesto ascendía a 1407,71 pesetas. 

Proyecto de 1938

     Tampoco siguió adelante el nuevo proyecto y eso salvó momentáneamente la vida del maltratado “retrete”. Es más incluso parecía cambiar su suerte. Sólo hacía acercarle a otra tarea más “importante”. El 9 de junio de 1938 se acuerda que el “kiosco de necesidad” en vez de hacerlo desaparecer, se adapte para bar o café, con cuyo arrendamiento se contribuiría en parte a amortizar la construcción de la proyectada Plaza de Abastos. Pero la solución no fue muy bien acogida y no hubo licitadores para dicho arrendamiento, máxime cuando había que acondicionar el espacio. 

     Viéndolas venir el guarda D. Juan Cubo Cid, pidió la jubilación (contaba con 87 años), que ya era hora. La Comisión Gestora accedió a la petición y amortizó la plaza por desaparición del urinario público. 

     El 29 de Diciembre de 1941 se acuerda se proceda de inmediato a la demolición del retrete, tarea que lleva a cabo, como no, Gaspar Muñoz Márquez, maestro albañil, que ha ofrecido por los materiales que resulten 450 pts. 

     Se ponía así punto y final a la polémica y por ende se rompía definitivamente con un símbolo que había que eliminar a toda costa: el urinario de la República.

En 1933 se propuso derribar el urinario y situarlo en el sótano del solar ocupado por este edificio junto a dicho urinario

viernes, 26 de octubre de 2012

La crónica negra (I)


     Gabriel Almagro Montes de Oca

     Aunque no nos guste, la crónica negra también forma parte de la historia de nuestros pueblos; delitos de sangre, incendios, crímenes… han constituido la mayor parte de las veces las noticias que llevaban a las páginas de los periódicos nacionales el nombre de pequeños pueblos como Alcalá de los Gazules. 

     Sucesos que impactaron a propios y extraños, que hicieron correr ríos de tinta en su momento y que hoy, con la perspectiva que brinda el tiempo, traemos a este blog porque, como decíamos, también forman parte de nuestra historia. 


El crimen de El Jautor


     Comenzaremos la serie con el conocido como “Crimen de El Jautor”, un suceso acaecido en 1850 que, dos años más tarde, cuando se conocieron y juzgaron los hechos, ocupó las páginas de tribunales de los principales periódicos del país, lo que ha propiciado que en las hemerotecas se disponga de diferentes crónicas sobre el mismo. (1)

     Sin embargo el mejor relato lo encontramos el 30 de Septiembre de 1852 en la página 3 del madrileño periódico “La Esperanza”, que dice reproducir, como hace igualmente el “Heraldo de la mañana” del día después, la noticia publicada por “El Faro Nacional”, en los siguientes términos: 

“JUZGADO DE PRIMERA INSTANCIA DE MEDINA SIDONIA. 

—Malos tratamientos de un padre a su hija, — 

Homicidio oculto y descubierto después. 

     Poseídos del mas profundo dolor, y afectados por el negro cuadro qué ofrecen a nuestros ojos los crímenes extraños que en esta causa se revelan, vamos a trazar una reseña de sus sombrías páginas, sirviéndonos de la relación que hacen de ella algunos periódicos de Andalucía, y de los interesantes pormenores que nos ha remitido con fecha 24 del actual nuestro entendido y celoso corresponsal de Medina Sidonia. 

     Si en la multitud de crímenes que diariamente vienen a ennegrecer las columnas de El Faro Nacional, nuestro espíritu se estremece al ver la sangre de las victimas, y al contemplar la osadía y crueldad de sus sacrificadores, a quienes el furor o la venganza o los celos arrastran a la perpetración de tan infames atentados., en la presente causa se descubren, además de estos repugnantes objetos, otros que son tan horribles y sombríos, tan contrarios á la naturaleza y tan absurdos y monstruosos hasta en el terreno mismo de las mas desenfrenadas pasiones, que apenas concebirla la imaginación su posibilidad, si no se presentara delante de nuestros ojos una espantosa y aterradora realidad a darnos el desconsolador testimonio de su existencia. 

     En la causa a que consagramos esta crónica judicial, todo es sorprendente, todo es repugnante y horrible. El acusado es un padre que, en vez de ser el protector, el amparo, la solícita y amorosa providencia de sus hijos y familia, aparece, según el proceso, como su tirano y verdugo, hasta el punto de dar entrada en su corazón a una pasión monstruosa, fijando los ojos en su propia hija, cuya heroica virtud trata de vencer con inhumanas crueldades, después de haber empleado inútilmente los halagos y las seducciones. Cediendo a los impulsos de tan infame y bastarda pasión, y dando, según parece, entrada al furor, conviértese mas tarde en asesino de un indefenso joven que acudiera una noche a pedir hospitalidad en su choza; y no solo sacrifica a la víctima de un modo traidor, sino que hace servir a uno de sus hijos de instrumento para la ocultación del crimen, obligándole a enterrar el cadáver del joven sacrificado. 

Extracto de la noticia recogida en el periódico "El Faro Nacional"
en su edición del 30 de septiembre de 1852

     Si a la clase y naturaleza de los delitos que han dado margen a la formación del proceso, se añade el resultado que ofrecen las diligencias judiciales y el carácter singular y extraño que presentan algunas de las actuaciones del proceso, acaba de llenarse la medida del horror que infunden en el ánimo sus negras páginas. En esta causa se presentan como testigos de los hechos individuos de la propia familia del acusado. Sus mismos hijos, luchando entre dos elementos contrarios, la salvación o la muerte del autor de sus días, declaran en el proceso; y sus manifestaciones sobre los hechos domésticos que refieren contribuyen, tal vez, a formar las gradas del patíbulo para el acusado; viniendo a resultar, por una combinación de horribles y fatales circunstancias, que los que deben la vida al hombre desdichado que se ve bajo la acción severa de los tribunales, preparan acaso la muerte a este mismo hombre. Aquí luchan la verdad contra la compasión, la naturaleza contra la ley, la piedad contra la justicia, la religión, la santidad del juramento y la voz de la conciencia contra la misericordia, la gratitud y el respeto y amor filial. 

     Difícilmente se presentará en una causa un combate de afectos y pasiones semejante al que ofrece la de que nos ocupamos. 

     El público sabe la manera respetuosa y comedida como tratamos siempre estas delicadas materias cuando, en virtud del derecho que la ley nos concede, las traemos al campo de la publicidad, para manifestación solemne de la justicia, para desagravio de la sociedad ofendida, para saludable ejemplo y escarmiento de los que pudieran sentirse inclinados a delinquir en lo sucesivo, y para enseñanza elocuente de los que siguen la senda de la virtud. Lejos de nosotros la idea de agravar la suerte de los tratados como reos; pero este sentimiento de prudencia y justa consideración a los procesados no puede impedirnos "en casos solemnes y extraordinarios como el presente el que anatematicemos el delito y presentemos el crimen que de las páginas judiciales resulta, pintándolo a los ojos del público con todo su negro colorido , Si bien absteniéndonos siempre de emitir nuestro propio juicio sobre la responsabilidad de los acusados, que es el punto grave, la cuestión interesante y peligrosa del debate jurídico, y cuya resolución corresponde exclusivamente al tribunal de justicia. 

     Examinemos ligeramente la historia de los hechos, según aparece de los datos que tenemos a la vista, y que reputamos fidedignos. 

     En el término llamado de Jautor, inmediato a la villa de Alcalá de los Gazules, vivía un hombre de oficio cabrero, apellidado Martín Jiménez Espinosa, en compañía de su mujer Francisca Cortés y de ocho hijos. 

     Entre ellos existía una joven de quince años, llamada Francisca, cuya rara hermosura había excitado una infame pasión en el corazón de su mismo padre, poniendo en juego para lograr sus deseos los estímulos, ora de la lisonja y del engaño, ora de la promesa, ora de la autoridad, pero sin que pudiera hacer sucumbir la acrisolada virtud de la victima inocente de sus bastardos y degenerados instintos La tenaz resistencia de la joven encendió mas y mas la pasión del desnaturalizado ¡Padre, convirtiéndose aquella en ira y enojo, y haciendo sufrir a la hija dolorosos tormentos, y mortificándola hasta el extremo de que anduviera casi desnuda por espacio de dos meses delante de sus hermanos. 

    Sin fuerzas para resistir tan crueles tratamientos, huyó la joven de la choza donde vivía con su padre, y marchó a refugiarse a la caía de su tío Juan Estudillo, contrayendo, en el corto tiempo que estuvo en compañía de ente, relaciones amorosas con un joven conocido por Rafael Betanzos García; pero el opresor dé la Francisca la busca en el asilo de la casa de su tío y la conduce de nuevo a su antigua morada. 

     El día 24 de junio último preséntase Rafael Betanzos García en la choza de Jautor, deseoso de ver a su “amada" pero la presencia severa del padre turba la alegría de esta amorosa entrevista, en términos que Betanzos huye despavorido de aquel sitio. Irritado el padre por los celos, coge a su desventurada hija por los cabellos, y después de arrastrarla por el suelo empedrado, causándole varias heridas, la ata de manos y pies a uno de los peones de la choza, dejándola pendiente en el aire para mayor tormento, sin que conmovieran su corazón, ni los ayes, ni los lamentos, ni las súplicas de la victima. 


"El día 24 de junio último preséntase Rafael Betanzos García en la choza de Jautor..."

     Hallándose la joven en esta posición penosa, ocúrresele al padre tener que marchar a la inmediata villa de Alcalá, y llamando a su mujer, la dice : no quedarás para albóndiga si yo sé que quitas a tu hija de ese sitio. Sin embargo de esta terrible amenaza, la madre, en el momento en que su marido abandonó la choza, desató los cordeles de la víctima, y, ayudada de una hermana suya, bajó del suplicio a aquella ilustre heroína de la virtud, curándola de sus heridas. 

     Poco antes de la Vuelta del padre, la misma victima, temerosa del enojo de aquel, pide que la coloquen en el tormento y arrasados sus ojos en lágrimas, lágrimas, hace que la suspendan de nuevo en el espantoso peón. Regresa el padre de su viaje y hallando a la hija en el mismo sitio en que la dejara, se da por satisfecho de que se hayan cumplido sus órdenes. Tres días pasaron sin que se conmoviera el corazón de este hombre, privándola de toda clase de alimentos durante esto tiempo. La infeliz Joven hubiera perecido por la extenuación y por los dolores del tormento, si la angustiada madre, burlando alguna vez la vigilancia del marido, no hubiera aplicado con su boca, el pan y el agua a su pobre hija para que no pereciese. 

     Dilatándose los sufrimientos de la desdichada Francisca, quiso Dios hacer ver su justicia, pues la madre, no pudiendo presenciar por más tiempo aquel espectáculo desgarrador, aconsejó a su hijo José, de edad de veinte años, que pasase a Alcalá a referir al alcalde las escenas de dolor de que eran victimas los moradores de la choza. El alcalde no dio, sin embargo, importancia a las quejas de José, vindicando, como era natural, a la autoridad paterna de la especie de acusación que contra ella presentaba el hijo. Principia este a temer a vista de la conducta del alcalde, y corre en busca de su tío Juan Estudillo, quién le anuncia que su padre tiene ya noticia de sus pasos. La consternación turba el ánimo de José; se apodera de él una profunda melancolía, y cuando quiere ocultar un negro crimen, la violencia de la opresión lo arranca de su pecho. Informado Juan Estudillo del delito que le revela su sobrino, corre a participarlo al Alcalde de Alcalá, a pesar de la resistencia de José, que se opone a ser el delator de su padre hasta el punto de que, por salvarle, no dudaría presentarse él mismo teñido con la sangre de la víctima. He aquí la manera cómo se nos refiere la historia del delito revelado por él joven José a su tío Estudillo, y denunciado después por este al tribunal: 

     Serían como las oraciones del 24 de mayo de 1850, cuando Antonio del Río  joven de unos veinte años, se presentó a pedir hospitalidad en la choza de Espinosa, con quien había ejercido en otro tiempo el oficio de cabrero. Admitido en la choza, y habiéndose puesto a la mesa el Espinosa con su familia, convidaron a cenar al huésped, lo que rehusó este, por haberlo hecho en el camino. Antes de acostarse diole el Espinosa una estera para que se colocara en ella en medio do la choza. Dormido profundamente el Antonio del Río, el Espinosa no se desnudaba para acostarse como tenia de costumbre, dando lugar a que le reconviniera por ello su mujer, a la que respondió que no sabia lo que quería aquel hombre, a lo cual replicó la mujer que lo que quería era posada. Poco después, y cuando creyó a todos dormidos, levantose, no sin que lo oyera su sobresaltada hija, y atando a su huésped mientras dormía, le hizo salir fuera de la choza, colocando sobre sus hombros las alforjas y la manta y poniéndole el sombrero. Antonio del Río, azorado, pregunta al Espinosa qué iba a hacer con él, a lo cual replica este que tal vez querría robarle: insiste el huésped en vindicarse, diciendo que si es ladrón, que lo lleven a Alcalá. Salen ambos, por ultimo de la choza, y a los pocos momentos, en medio del silencio y de la soledad de la noche, se perpetra un crimen de homicidio, que, aunque oculto en aquellos mementos entre las sombras y la espesura de las Selvas, había de descubrirse mas tarde por la divina justicia. Consumada la muerte de Antonio del Río, y cuando todavía estaba teñido el asesino con la sangre de su victima, busca aquel a su hijo, que estaba al cuidado dé las cabras, y le manda traer las herramientas de cavar. Sigue el hijo obediente los pasos de su padre, y se aterra al ver el cuadro que se presenta a sus ojos; pero una terrible amenaza lo impone silencio. Allí abrieron ambos una sepultura, enterrando en ella el cadáver, con su sombrero, alforjas y manta. 

"Antonio del Río, joven de unos veinte años,
se presentó a pedir hospitalidad en la choza de Espinosa..."

     La mujer del Espinosa preguntó sencillamente a este por el joven Antonio del Río, pero Espinosa la mandó callar. 

     Tal es, en resumen, la historia del crimen a que se refiere el proceso, siendo de advertir que el cadáver de Antonio del Río ha sido, según se nos escribe extraído de su sepultura con todos los signos que indican, al parecer, su desastrosa muerte. 

     El acusado de este delito, Martín Jiménez Espinosa, parece que mantenía relaciones amorosas en Alcalá con una joven, a quien daba las utilidades de su casa, mientras su familia vivía en la indigencia. Impútasele además que se ocupaba en hurtos de haces de trigo, colmenas, caballerías, reses de cerda y otros objetos. El procesado tiene cuarenta y siete años de edad, y parece que los tormentos dé su hija, que antes hemos referido, han durado por espacio de tres años. 

     Señalado para la vista de esta causa el día 20 de este mes en el juzgado de primera instancia de Medina Sidonia, multitud de personas, atraídas por las circunstancias extraordinarias al crimen, llenaron el espacioso local de la Sala de ayuntamiento en que se celebró el acto, quedándose una gran parte fuera del salón por falta de sitio. 

     La lectura del proceso dio por resultado la tristísima historia que sustancialmente hemos referido, y que produjo una profunda impresión en el ánimo del público. 

     El ministerio fiscal hizo uso de la palabra, trazando la historia del delito, refiriendo todas sus circunstancias, y exponiendo a la consideración del tribunal todas las razones que presentan, a su juicio, al Jiménez Espinosa con el carácter de criminal y responsable del delito que se perseguía. 

     El discurso del fiscal fue grave y elevado, como pedía su ministerio. Su petición fue la de que se impusiera al acusado la pena de muerte en garrote. 

     Entró después a hacer uso de la palabra el licenciado D. Ildefonso Genér, defensor del acusado, quien pronunció un discurso tan notable, como era difícil y delicado el cargo que se le habla confiado. 

     Nuestro corresponsal nos asegura que, conmovido el defensor en los primeros momentos, adquirió muy en breve un vigor extraordinario, exponiendo, de una manera enérgica y elocuente, las circunstancias especiales de este proceso, en el que los actores principales y los testigos eran todos individuos de una misma familia. Examinando las declaraciones de los hijos contra su padre, manifestó que estas estaban en oposición con los sentimientos de veneración y de cariño que se deben al hombre que nos ha dado el ser, y que es para nosotros una especie de Dios en la tierra: dijo que era horrible el espectáculo que ofrecía el cadalso que trataba de alzarse, preparado para un hombre por su propia descendencia. Tratando después del heroísmo de la hija, dijo que este heroísmo se eclipsaba ante la conducta que había observado con el autor de sus días, añadiendo que no encontraba virtud donde no había obstáculos que vencer y tormentos que sufrir: y deduciendo, al parecer, el letrado de estas ideas que un deber sagrado, además del de la honestidad, obligaba a la hija a padecer en silencio antes que perjudicar con sus declaraciones a su mismo padre. 

     A propósito del homicidio de Antonio del Río, manifestó el abogado defensor que la culpabilidad lo mismo podía imputarse al Martín Espinosa que a su hijo, existiendo, a su parecer, para una y otra imputación iguales circunstancias y motivos. 

     El discurso del Sr. Gener fue sentido y esforzado, y sus palabras en el examen de tan grave proceso produjeron honda sensación en el ánimo del numeroso auditorio que llenaba el salón de la Audiencia. 

     Dictada sentencia por el señor juez de primera instancia, se ha impuesto al reo la pena de muerte en garrote. 


     Con referencia a un periódico de Cádiz del 25 de este mes, añadiremos (que, notificada la sentencia al procesado, la oyó con la mayor impasibilidad, y, sonriéndose, dio gracias al escribano; y que después ha permanecido con la misma sangre fría, sin oírsele palabra alguna ni de sentimiento ni de irritación.  Añade dicho periódico que el tribunal superior ha sentenciado al Espinosa a la pena de muerte: ignoramos si esto será exacto, o si será una equivocación; pues es difícil que en el espacio de tan pocos días se haya sustanciado y fallado el proceso en la superioridad. 

     Procuraremos tener al corriente a los lectores de El Faro Nacional del resultado de esta causa, que ofrece un drama jurídico tan aterrador y sombrío como los mas horribles que nos refiere la triste historia dé las pasiones y de los delirios humanos”

NOTAS

 (1) Varios son los periódicos que se hacen eco de este suceso, entre ellos:

- 26 de julio de 1852: La Esperanza. Año VIII nº 2377 pág. 2 

- 27 de julio de 1852: La España. Año V nº 1325 págs. 3 y 4

- 27 de julio de 1852: El Nuevo Observador.  págs. 3 y 4

- 29 de julio de 1852: El Faro Nacional. Año II nº 116 pág 17.

- 30 de julio de 1852: La Esperanza. Año VIII nº 2381 pág. 2

- 30 de septiembre de 1852: El Heraldo de la mañana

- 30 de septiembre de 1852: El Faro Nacional. Año II nº 132 págs. 13-16

- 1 de octubre de 1852: El Heraldo de Madrid.  nº 3169 pág. 4

martes, 23 de octubre de 2012

Un yacimiento romano en Peña Batida (y II)



2. MATERIALES DE ÉPOCA ROMANA. 2.1. Vasos cerámicos. 

     El reducido número de fragmentos documentados se limitan a un fondo de Terra Sigillata Hispánica y a un par de bordes y un fondo pertenecientes a dolia, grandes vasijas de almacenamiento. 

2.1.1. Terra Sigillata Hispanica 

     Se trata de la base de un cuenco de cuerpo en forma de segmento de esfera (al menos en la parte reconstruible en perfil), con pie anular alto. Las superficies interior y exterior están recubiertas de un espeso engobe rojizo de buena calidad. En el interior del fondo, en el centro dentro de una cartela cuadrangular alargada de bordes redondeados, aparece estampado en la arcilla fresca un sello, con caracteres latinos capitales, muy desgastados, de los que sólo puede leerse con claridad las dos últimas letras, la A y la E, formando nexo, Æ. Las pastas están bien depuradas, con la fractura algo tosca, desgrasante de grano fino de mica y materiales calizos o calcáreos. 

     Las primeras producciones de terra sigillata -denominada así por la característica presencia de sigillum o sellos con la marca del alfar de procedencia de las piezas- comenzaron en torno a mediados del siglo I a.C. en la Península italiana, parece ser que en el área de Etruria, por influencia de la cerámica helenística siriaco-alenjadrina (Beltrán 1990: 64). Se trata de las producciones conocidas como terra sigillata itálica. El éxito de estas cerámicas por el Mediterráneo, con su inconfundible barniz rojizo brillante de gran calidad, hizo que pronto empezasen a producirse en otros centros del Imperio. Surgen así la terra sigillata gálica o la terra sigillata hispanica, que es la que más nos interesa ahora. 


     A partir del siglo I d.C. las producciones itálicas y las gálicas, que en parte habían ganado terreno a las primeras en el cambio de Era, diversos talleres sitos en Hispania empiezan a producir su propia versión de estas vajillas de mesa de inspiración helenística. Será sobre todo desde época Flavia cuando las producciones se difundan con mayor fuerza, destacando entre la infinidad de pequeños centros productores los grandes núcleos alfareros de Tritium y Andújar (Mayet 1984; Roca Roumens 1977; Contreras et al. 1984; cfr. Roca Roumens - Fernández García 1998). 

     La pieza que nos ocupa, a pesar de su estado fragmentario, podría corresponderse con la forma Dragendorff 24/25. La calidad de los barnices apuntaría, posiblemente, a producciones tempranas, que podrían situarse en torno al último tercio del siglo I d.C. 

2.1.2. Los dolia. 

     Con esta denominación se conoce un tipo de vasos de grandes dimensiones, de cuerpos globulares u ovoidales, bases planas o convexas, bocas de gran diámetro con bordes engrosados. Estaban destinados al almacenamiento, principalmente de alimentos, tanto sólidos como líquidos. Debido al gran tamaño de estas vasijas y a la técnica con la que se fabricaban, los ejemplares que conocemos han llegado hasta nosotros en estado fragmentario y, por lo general, informando de una parte relativamente pequeña del vaso completo. Por esta razón, aunque la forma se documenta en todo el Mediterráneo romano, la tipología no está bien delimitada y definida a causa de estas dificultades a la hora de documentar individuos de perfiles completos o claramente reconstruibles (cfr. Py-Adroher-Sánchez 2001: 1063-1086; Vegas 1973: 117-118). 

      Una de las formas más comunes, la que posiblemente se corresponda con la aquí documentada, es la representada a partir de dos fragmentos de piezas distintas en este informe. Se trata de un gran vaso de cuerpo ovoidal, con boca ancha definida por un borde engrosado e inclinado hacia dentro, como una continuación del cuerpo, con base plana o, como en este caso, con una leve convexidad. Las pastas son toscas, de color beige, desgrasante abundante de grano medio y grueso de cuarzo, principalmente, con las superficies sin tratar. 

     Ya comentamos más arriba las dificultades para datar estas producciones, aunque por las características de la pieza podría proponerse una cronología altoimperial, entre los siglos I y II d.C. (cfr. Redondo y Zamora 1998: 220-221). 

Dolia: vaso de grandes dimensiones


2.2. MATERIAL DE CONSTRUCCION 

     Entre los fragmentos hasta ahora comentados se han documentado también algunos pertenecientes a tegulae. Las tégulas son placas rectangulares de cerámica con los extremos elevados, a modo de pestañas, que se empleaban para formar y cubrir los tejados durante la época romana. Se utilizaban en asociación con los llamados ímbrices, similares en forma a nuestras tejas árabes. Las tégulas se colocaban una junto a otra por sus lados mayores, haciendo coincidir las pestañas y encastrando sobre ellas un ímbrice que cubría y sellaba la unión formada por ambas pestañas en contacto. 

     Las tégulas están documentadas en prácticamente todo el Mediterráneo romano y fueron usadas tanto para su función original (cubiertas) como para otros secundarios (construcciones funerarias, por ejemplo). La clasificación tipológica de las mismas y su estudio se ve complicada por el estado fragmentario en el que suelen ser halladas. Así mismo, la variación formal parece radicar únicamente en las pestañas o rebordes, elemento que ha servido para establecer las clasificaciones propuestas hasta la fecha (Adam 1996: 230-231; Brodribb 1987; Giulani 1990). 

     En el caso que nos ocupa, se han documentado fragmentos de placa con pestañas de básicamente de un tipo: con reborde triangular. El primero de los ejemplares representados presenta un perfil más sinuoso y de apariencia más frágil respecto al segundo, de sección marcadamente triangular, y de perfiles más rectilíneos. 

     En cuanto a la cronología, poco más podemos precisar que un encuadre en época altoimperial, centrado entre los siglos I y II d.C. 

Restos de tégulas

viernes, 19 de octubre de 2012

Un yacimiento romano en Peña Batida (I)


     Extracto de la Memoria de actuación arqueológica preventiva del proyecto de conducción de agua a Alcalá de los Gazules del abastecimiento gaditano desde Paterna inserto en el Anuario Arqueológico de Andalucía 2006 publicada por la dirección de Bienes culturales de la Junta de Andalucía

RAMÓN FERNÁNDEZ BARBA 
 JUAN JOSÉ CÍSCAR MALIA

INTRODUCCIÓN 

     En este trabajo se muestran los resultados obtenidos en la actividad arqueológica preventiva, control arqueológico de los movimientos de tierra, llevados a cabo durante la ejecución de los trabajos para la instalación de la conducción de agua desde Paterna de la Ribera hasta Alcalá de los Gazules; dentro del Proyecto “Conducción de agua a Alcalá de los Gazules del abastecimiento gaditano”. TM. de Paterna de la Ribera y Alcalá de los Gazules, Cádiz. Donde se ha documentado un yacimiento desconocido hasta el momento; denominado Yacimiento de la Peña Batía. 

      El proyecto consistió en la construcción de una canalización de tuberías de agua de unos 14,5 kilómetros de longitud, discurriendo por dos términos municipales: la tubería parte de la estación de tratamiento de agua que se encuentra situada justo a la entrada de la pueblo de Paterna de la Ribera. Dicha tubería discurre en su mayoría del trazado paralela a la carretera que une Paterna de la Ribera y Alcalá de los Gazules, termi­nando en las inmediaciones de Alcalá de los Gazules. Uniéndose a una tubería preexistente que lleva el agua a lo alto de la peña donde se encuentra situada dicha ciudad. La tubería recorre en su mayoría de trazado el término municipal de Alcalá de los Gazules, tan solo durante sus, aproximadamente, cinco primeros kilómetros permanecen los trabajos en término municipal de Paterna de la Ribera. 

Peña Batida


EL YACIMIENTO DE LA PEÑA BATÍA 

    Durante el transcurso de las obras para la conducción de las tuberías de aguas del abastecimiento gaditano desde Paterna a Alcalá, se documentó la existencia de un yacimiento que hasta el momento no se tenía noticia alguna de él. 

     El yacimiento se encuentra enclavado en el límite del término municipal de Alcalá de los Gazules con Paterna de la Rivera, en una zona que está clasificada por su valor ecológico. 

     El día 12 de marzo de 2007 tras el desbroce inicial se documentaron una serie de materiales cerámicos en superficie ya que era imposible practicar la inspección superficial por la gran cantidad de vegetación y la gran altura a la que llegaba,. En su mayoría forman parte de galbos de varias formas de recipientes cerámicos. Se documentan, además, varios fragmentos de tégulas, pero ninguna estructura. 

Situación del yacimiento

     En estos momentos se procede a detener la máquina y a dar parte a la sección de arqueología de la Delegación Provincial de la Junta de Andalucía en Cádiz, solicitándoles una inspección inmediata con el fin de que determinasen cual sería la mejor solución a adoptar para salvaguardar el yacimiento recién descubierto. 

     Una vez protegida la zona se procedió a recolectar diversas formas cerámicas para poder llevar a cabo un pequeño estudio de ellas y poder identificar el yacimiento. Como no se veía clara la ubicación del yacimiento ya que lo que se documento fueron materiales cerámicos y constructivos dispersos por la ladera de la peña a ambos lados pero rodados, mucho más rodados por la parte trasera de la peña. Subimos a la cumbre de la peña y al llegar a ella documentamos lo que parece ser la base de cimentación de una estructura que debió emerger en todo lo alto de la peña, cosa que no es de extrañar dada la localización estratégica de la zona y la magnífica vista de los campos del alrededor. Dicha cimentación estaba compuesta por sillares de piedra unidos con argamasa arenosa. La parte superior de la peña presentaba cierta planicie, no se pudo realizar una inspección visual de superficie ya que estaba cubierta con un frondoso manto vegetal. 

     Todo ello nos hizo pensar que realmente el yacimiento estaba en lo alto de la peña, pero ya que no se realizó excavación se protegió toda la zona. En la parte delantera que daba a la carretera se apreciaba en superficie muchos más materiales que en la trasera. 

     Mientras esperamos la llegada de la inspección de los técnicos de la Delegación, discutimos con el responsable de la obra las diferentes posibilidades de cambio de dirección de la zanja para no tocar el yacimiento; se nos plantean dos posibilidades: por un lado desviar la traza por detrás de la peña y por otro pegar la traza a la peña por donde aflora el nivel natural. Una vez realizadas las comprobaciones pertinentes por parte del arqueólogo inspector, se decide que la solución mejor es pegarla a la peña lo máximo posible, pasando por una zona donde aflora a superficie el nivel natural en forma de roca ya que la solución de pasarla por detrás desvía en demasía la traza de la zanja y además detrás de la peña se documentan materiales cerámicos muy rodados. 

Restos de una estructura en la cima de la Peña

     Una vez solucionado el problema de por dónde se va a pasar la traza de la zanja, procedemos a intentar conocer lo mejor posible el yacimiento, generando un polígono perimetral de seguridad. 

     Se le envía la información a la Delegación de cultura de la Junta de Andalucía para que lo incluya en el catálogo de yacimientos del término municipal. Dicha información está compuesta por: mapa que geo-referencie el yacimiento y el polígono levantado con sus coordenadas UTM Huso 30. 


ESTUDIO DE MATERIALES ARQUEOLÓGICOS 

     Aunque los materiales arqueológicos hallados, cerámicos en su totalidad, son escasos y proceden de contextos superficiales o alterados, sí son significativos a la hora de establecer, al menos, la presencia de dos grandes conjuntos culturales. Por un lado, una serie de materiales cerámicos de tradición orientalizante o ibérica; y por otro, un conjunto de época romana, formado por restos de vasijas de tamaño y uso muy diverso y por materiales de construcción. Veamos con detenimiento estos objetos documentados sobre el terreno. 

1. MATERIALES ARQUEOLÓGICOS DE TRADICIÓN ORIENTALIZANTE O IBÉRICA 

     Empezaremos este primer apartado tratando de un grupo de materiales característico de la tradición cerámica orientalizante: los vasos con decoración pintada. La aplicación de motivos decorativos pintados, organizados generalmente en bandas y líneas horizontales de distinta anchura, con espacios en reserva, en negro y rojo como principales colores empleados, es habitual en la cerámica fenicia oriental desde al menos el siglo IX-VIII a.C. (cfr. Lehmann 1996). En la Península Ibérica los primeros ejemplares hacen ya su aparición durante el siglo VIII a.C., en piezas como las llamadas urnas tipo Cruz del Negro. La decoración en bandas se animará en ocasiones con motivos figurados: vegetales, animales fantásticos, etc., conformando la decoración de carácter orientalizante más característica y conocida (por ejemplo, los grandes pithoi de la Casa-Palacio del Marqués de Saltillo). Este tipo de decoraciones tendrá una gran perduración en la cultura material cerámica de Andalucía, convirtiéndose en nota también característica de la llamada cerámica ibérica (Pereira y Deamós 1985). 


Los fragmentos documentados para el presente informe consisten en: 

a) Formas abiertas: 

     Cuenco en forma de segmento de esfera con borde sin diferenciar y labio simple (fig. 1, 1). No se conserva la base ni el arranque de la misma, aunque la cadencia e inclinación de la pared y otras formas similares conocidas en el ámbito de la Bahía de Cádiz sugieren que la base podría ser con pie indicado y fondo convexo. Las superficies del cuenco están alisadas, sus pastas presentan una coloración beige aunque con manchas grisáceas en la superficie. La presencia en la capa más externa de la superficie de un microestrato ennegrecido sugiere que la alteración del color en la pieza se deba, en parte, por una cocción oxidante de mala calidad. En el tercio superior del cuenco, próximo al borde, en su superficie externa, presenta decoración de dos bandas horizontales paralelas pintadas en negro. 

     Este tipo de cuenco es una forma muy frecuente en diversas producciones y acabados desde el finales del siglo VII a.C. y especialmente a lo largo del siglo VI a.C. -cuando lo encontramos dentro de las cerámicas grises orientalizantes y en las producciones comunes- hasta época romana. La simplicidad de la forma es la clave de su perduración y de su presencia en múltiples y dispares repertorios tipológicos, no siempre necesariamente relacionados. La aplicación de decoraciones pintadas en estos cuencos suele limitarse a lo que se observa en esta pieza: una o varias bandas estrechas horizontales en color negro o rojo, en la parte exterior del vaso y preferentemente en su tercio superior. Precisar una cronología se hace difícil por las perduraciones comentadas y lo común de la forma. En todo caso, es entre los siglos VI y IV a.C. cuando encontramos una mayor proporción de estos cuencos pintados en el entorno de Andalucía Occidental (cfr. Ruiz Mata y Vallejo 2002). 


b) Formas cerradas: 

- Galbo perteneciente a una vasija de cuerpo globular u ovoidal, a juzgar por la tendencia y trazado de su perfil (fig. 1, 2). Presenta pastas anaranjadas, con desgrasante de grano medio y fino de cuarzo y mica, posiblemente feldespato, visibles a simple vista en superficie. La superficie interior aparece sin tratar mientras que la exterior presenta decoración pintada en bandas. Puede apreciarse en el fragmento conservado una ancha banda horizontal de pintura roja que ocupa casi toda la superficie del galbo, una pequeña banda estrecha en negro, también horizontal y paralela a la anterior, situada coincidiendo con el límite con ésta. Por encima de ésta banda negra la superficie aparece en reserva, quizás para repetir la secuencia que vemos en el siguiente fragmento: banda ancha roja – dobles líneas negras en espacio en reserva – banda ancha roja. 

- Galbo perteneciente también a una vasija de cuerpo globular u ovoidal (fig. 1, 3). Presenta, como en el caso anterior, pastas anaranjadas, con desgrasante de grano medio y fino de cuarzo y mica, quizás también feldespato, visibles a simple vista en superficie. Éstas no presentan tratamiento alguno al interior, mientras que al exterior están decoradas con bandas pintadas. Pueden apreciarse dos grandes bandas horizontales de color rojo vinoso oscuro, que no aparecen completas en su desarrollo vertical. Entre ellas, en un espacio en reserva que deja ver la superficie sin tratar, se trazan otras dos bandas, esta vez muy estrechas, igualmente horizontales y paralelas en pintura negra. 

     Tanto uno como otro galbo debieron pertenecer a una urna de tradición orientalizante, aunque no podemos precisar ni aventurar la forma de la misma a partir de la ínfima proporción conservada de las piezas completas. Urnas de estas formas y con esta decoración están presentes desde el siglo VIII a.C., como comentamos más arriba, hasta al menos el siglo II a.C., con perdu-raciones en época romana. Las piezas aquí estudiadas, dentro de las limitaciones lógicas por el estado y tamaño de los fragmentos que han llegado hasta nosotros, podrían centrarse entre los siglos VI y IV a.C., momento de amplia difusión de estas cerámicas en el Extremo Mediterráneo Occidental. 


     Acabaremos este primer bloque con una forma que, según parece, podría guardar relación con la tradición alfarera de raigambre púnica y orientalizante . Se trata del fragmento de una vaso cerrado con borde exvasado, de sección triangular, con cuello muy corto y estrangulado que da paso a una pared que traza un perfil de curvatura acusada, anunciando un cuerpo globular u ovoidal (figura 2, 1). Las pastas, cocidas en ambientes oxidantes, son de color beige claro, con desgrasante relativamente abundante de grano medio y grueso, de cuarzo y feldespato y restos de material calizo o calcáreo. El perfil del borde recuerda remotamente a las urnas de tradición fenicio-púnica que encontramos en ampliamente extendidas en los contextos del siglo III a.C., principalmente, en los ámbitos púnicos del Mediterráneo Central y Occidental (cfr. Ruiz Mata 1987: 309; Niveau de Villedary 2004: 286-287). Sin embargo, podemos observar que la tendencia que observamos en las paredes de estas vasijas es distinta a la apreciada en el borde documentado en la presente actividad. Los bordes de las urnas púnicas suelen presentar el labio ligeramente apuntado y el extremo externo del borde engrosado triangular algo más inclinado, ofreciendo generalmente una inclinación exterior de todo el borde más o menos acusada (cfr. Ruiz Mata 1998: 216-217; Niveau de Villedary 2004). Esta característica es el resultado de la evolución de las urnas del tipo Cruz del Negro y otras de tradición fenicia durante los siglos VI y IV a.C. (cfr. Ruiz Mata 1987; Ruiz Mata y Vallejo 2002). 

     El borde aquí estudiado presenta una tendencia más vertical del borde, en su conjunto, un estrangulamiento en el cuello mucho más breve y las paredes conservadas trazan más bien un cuerpo globular, similar al que encontramos en ollas de tradición púnica desde el siglo III-II a.C. (cfr. Ruiz Mata 1998: fig.217). Las características de la pasta tampoco concuerdan con las más decantadas y finas que hallamos en las producciones púnicas del siglo III a.C. (cfr. Niveau de Villedary 2004). 

     Ollas de características muy similares las encontramos dentro de las formas de la cerámica común romana, incluida en el tipo 1 de Vegas (1973: 11-13). Se trata de las ollas de borde vuelto hacia fuera, recipientes empleados para la cocción y preparación de alimentos, siendo de los más empleados y difundidos en todo el Imperio dentro de su categoría funcional. Aparecen, pues, estas vasijas, por todo el Mediterráneo con cronologías que abarcan desde el siglo I a.C. hasta el IV d.C. 

     A juzgar por la evolución del borde y por los ejemplos mencionados, podría encuadrarse esta pieza entre los siglo I a.C. y I d.C., faltando por ahora datos para una mayor precisión cronológica. 


martes, 16 de octubre de 2012

La Guerra de la Indepencia en Alcalá 1810-1812 (VIII)


     Resumiendo los acontecimientos podemos decir que los franceses llegan a Alcalá el 17 de septiembre a las 11 de la mañana. El día siguiente a las 8 de la mañana se inician los enfrentamientos, capitulando los españoles en la mañana del 19 tras 33 horas de asedio. Los 238 españoles (210 según la carta de Soult) son enviados prisioneros a Chiclana. El coronel Combelle, deja el castillo guarnecido por dos compañías del 94º de Línea, bajo el mando del capitán de granaderos Epailly y envía al resto de tropas a tomar posiciones al otro lado del río Barbate. 

     El mismo día 19, cuando aún están reparando los franceses algunas ranuras del castillo, llegan por el camino de Jimena las tropas de Ballesteros, compuestas por entre 7000 y 8000 soldados de infantería y unos 800 jinetes de caballería, pertenecientes a los Escopeteros de Getares, al mando del teniente coronel José González Molina, al 1º de Cazadores de Barbastro y a los regimientos de infantería de línea Infiesto, Lena, Castropol y Pravía. (30)

     El coronel Combelle resiste hasta las 8 de la tarde el feroz ataque a la bayoneta de los enemigos, pero ante la enorme superioridad de las tropas españolas se ve obligado a retirase hacia Medina, donde llega el día 20 a las 5 de la mañana, con las bajas de 10 hombres y 55 heridos, dejando las dos compañías en el castillo bien abastecidas de víveres y municiones. 

El coronel Combelle resiste hasta las 8 de la tarde el feroz ataque de los enemigos

     El mariscal Víctor, al enterarse la misma mañana del 20 de lo sucedido en Alcalá, ordena regresar al coronel Combelle, reforzado con el 2º regimiento de Dragones del coronel Ismert, a la vez que ordena al general Rignoux que avance desde Montellano hacia Jimena para cortar la retirada de Ballesteros. 

El mariscal Victor, duque de Bellune

     Mientras en Alcalá sucede todo esto, en Cádiz el Consejo de Regencia, el 20 de septiembre, en vista del peligro que corren tanto los cargos salientes como los nuevos elegidos en caso de celebrar el traspaso de poderes, acuerda dirigir una instancia al comandante del campo de San Roque para que sigan en sus puestos los miembros del ayuntamiento alcalaíno hasta nueva órdenes y se suspendan los apremios decretados contra los nuevos electos, orden que es enviada a dicho comandante el día 26. (31) 

     Bien avanzada la mañana del 21, Combelle e Ismert se reúnen en Medina, entrando en contacto con las tropas que permanecen en el castillo de Alcalá a las 2 de la tarde, quienes comunican la muerte del capitán Epailly, tratando de reforzar el puesto del campanario. Ante la situación, Víctor da la orden de destruir el castillo de Alcalá. Ballesteros, ante la llegada de nuevas tropas se retira de nuevo hacia Jimena. 

     La prensa de la época se hace eco de los acontecimientos acontecidos los últimos días: “Se leyeron 3 oficios del general Ballesteros, sus fechas 21 y 26 del próximo pasado en el Quartel General de Ximena, en que avisa del cobarde rendición al enemigo del Castillo de Alcalá de los Gazules, que no pudo llegar a tiempo de impedir, pero sí de batir al enemigo que emprendió (sin embargo de sus fuerzas considerables de artillería y caballería) una precipitada retirada hacia Paterna, elogia sobremanera el valor y la disciplina de las tropas, y avisa haber sido evacuado por los enemigos en la noche del 22 el Castillo de Alcalá de los Gazules a consecuencia de los movimientos de la caballería. 

… Tarifa 20 de setiembre.= Las primeras noticias de los acontecimientos siempre son confusas, mas por desgracia no siempre salen inciertas quando los hechos son funestos. Acabamos de saber que ayer noche se entregó el castillo de Alcalá, y sin ser batido. Se dice que la persuasiva de un mal vasallo clérigo (pintando a la guarnición que iba a ser víctima, pues el enemigo volaría al punto el castillo) hizo tal impresión en ella que se decidió a entregarse a pesar que su gobernador D. Matildo Monasterio, dicen, que no quería y que la guarnición se empeñaba en ello. El castillo por estar sobre piedra no podía ser minado con tanta prontitud como se lo creyeron. A las quatro horas de la entrega llegó el general Ballesteros con una división. Su indignación llegó a lo sumo al saber que sin defensa ninguna se había entregado, quando quatro días antes había estado en él, y el gobernador le había jurado sostenerse hasta derramar la última gota de sangre: lleno de furia dicho general, atacó y arrolló a los franceses que había en una altura, y los hizo huir dexando en su poder dos carros: la noche y una fuerte lluvia impidió que los siguiese en su alcance, y se retiró por no exponerse a sacrificar los pocos y valientes soldados que ansiaban por la reconquista del castillo, guarnecido ya por dos compañías de franceses”. (32) 

     Soult, reconoce por carta enviada al mariscal Berthier enviada el 24 desde Sevilla que hacía tiempo que dio órdenes para ocupar el puesto alcalaíno, ocupado por los españoles al no cumplirse sus órdenes. Asimismo le informa de que dicha fortaleza ha sido tomada y eliminada. 

     El 22 de septiembre los franceses proceden a la voladura del castillo y abandonan Alcalá, pues el periódico el Conciso, en su edición de 28 de septiembre recoge un parte desde Tarifa con fecha de 23 de septiembre, mencionando este suceso:



     Conviene aclarar que los franceses dinamitan la muralla que forma el patio de entrada y el trasero o lateral, para que las tropas no se puedan refugiar en él, dejando intacto el torreón, que al fin y al cabo solo es una vivienda. Existe una foto panorámica de Alcalá de 1910, la que está en el patio del ayuntamiento en la que se puede observar que el torreón aún sigue en pie intacto.

Alcalá en 1910. Puede observarse el torreón del castillo intacto

     Cabe destacar que no hemos encontrado ninguna referencia de enterramientos de soldados en las acciones del 11 de julio ni del 19 de septiembre, por lo que es lógico pensar que los fallecidos en estos combates fueran enterrados en fosas comunes. 


NOTAS

(30)  Sañudo, J. J. 2007; "Base de datos sobre las unidades militares en la Guerra de la Independencia de España. Madrid". 

(31) Orden del Consejo de Regencia con fecha de 20 de septiembre de 1811 recogida en el expediente sobre la suspensión de elecciones de concejales que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional. ES.28079.AHN/1.1.15.25.25//CONSEJOS,11982,EXP.14 

(32) El Conciso nº 28. Pág. 4. 28 septiembre de 1811. También se recoge la noticia de la toma del castillo de Alcalá por los franceses en El Redactor General nº 106 de 28 de septiembre de 1811 y en la Gaceta de la Regencia de España e Indias nº 127 pág. 6 del jueves 3 de octubre de 1811. 


viernes, 12 de octubre de 2012

Pinceladas de Historia: El arca de la sacristía de la Parroquia



Ismael Almagro Montes de Oca

El arca de la sacristía de la Parroquia 


     Cuando se entra en la sacristía de la parroquia de San Jorge, hay un objeto que pasa un tanto inadvertido, colocado en uno de los laterales sobre una base de mampostería. Se trata de un viejo arcón de hierro. Lo normal es pensar que se utilizaría para guardar las cosas de valor del templo. Sin embargo, esta caja de caudales no siempre ha estado en ese lugar, ni pertenecía a la Iglesia. 

     Se sabe que este arca era la “caja fuerte” del ayuntamiento alcalaíno y que fue cedida el 2 de agosto de 1948 por los regidores de entonces a la Hermandad de la Virgen de los Santos, sin derecho de propiedad para guardar las joyas de la patrona. Las tres llaves necesarias para abrirla estaban en posesión del cura párroco, del Hermano Mayor y del mayordomo de la Hermandad. (1) 


     ¿En que fecha pasó a la parroquia, donde estaba anteriormente? No lo sabemos. Es probable que al ser la caja de caudales del ayuntamiento estuviese en las Casas del Cabildo. 

     Sin embargo, en  1809 las autoridades del Consejo Supremo en Madrid llevan a cabo una investigación para esclarecer las causas que obligaron al capitán General de la provincia, Tomás de Morla, a expulsar de su cargo de corregidor de Alcalá a Manuel Simó y Solano en 1803. (2) Entre la documentación figuran las declaraciones de miembros de la corporación municipal en 1800 asegurando que el corregidor cometía malversación de fondos de la caja de caudales del ayuntamiento. Gracias a esta información sabemos cuán antigua es y el lugar donde se hallaba en aquella época:

“Tgo. (Testigo) Juan Benitez Valverde dice fue Alce. (alcalde) el año de 800 y Presidente de la Junta de Propios, y como tal llavero con el Regidor Decano dn Franco Cavallero y el Essno de Cavdo y que al principio del año ubo una claveria para entregarse en las existencias qe eran 73 rrs (reales) y el arca estaba en la selda del Padre Corrector del Convto. de la Victoria y aun continuaba la llave en su poder por no haverla querido recibir los Alcs (alcaldes) posteriores=”.

"...el arca estava en la Selda del Padre Corrector del Convento de la Victoria..."

     No cabe duda de que están hablando de la misma caja que se utilizaba para guardar los fondos municipales. Sorprende el sitio donde se guardaba, la celda del Corrector del convento de la Victoria. Seguramente considerarían ese espacio como más fiable que cualquier otro en el pueblo. Nos aclara además que las 3 llaves necesarias para abrirla estaban en poder del alcalde, el regidor más antiguo y un escribano. 

     Curioso es también cómo en el mismo expediente se explica el poco cuidado que había en el traspaso de las llaves entre los regidores salientes y los entrantes:


     “Tgo. Dn Alonso Romero Fernandez Regr. (regidor) Decano y Yavero actual dice que aunque a hecho gestiones por recoger su llave, nunca lo ha podido conseguir por que el Essno. (escribano) de Cavdo. (cabildo) nunca le ha dado razón ciertas de su Paradero= 

Tgo. Dn Cristoval de Vera Collado Regr Decano y Clavero el año de 801 dice qe a su entrada recibió una llave de su antecesor y otra del Essno. de Cavdo. imponiéndose en ser una de la Caja y otra de Archivo, y qe a la conclusión remitió una al Essno. y la otra retuvo y conserva en su poder por olvido=”
          
     Conociendo que al comenzar el siglo XIX el arca estaba en las celdas del convento de la Victoria podemos aventurar que la Hermandad de la Virgen de los Santos no fue la primera en utilizarla, pues antes que ésta estuvo al servicio de la Cofradía del Nazareno, que una vez desaparecido el convento a partir de 1835, usó las celdas para guardar las andas y los enseres. Así se desprende de las cuentas que presenta el mayordomo de la misma, Francisco Cabrera el 30 de marzo de 1836, donde se consigna lo siguiente:

     “It. Pr dos candados pa el arca de tres llaves……………..8 (reales)”

Libro de cuentas de la cofradía del nazareno donde se menciona el arca de tres llaves (3ª línea)

     Hace tiempo que el arca fue jubilada, después de más de dos siglos de servicio, de muchos años custodiando la riqueza de Alcalá, arrinconada por modernas cajas fuertes de bancos y sin embargo, ha sabido reciclarse para convertirse hoy en una original "mesa auxiliar". 

NOTAS 

(1) Guerra Martínez, Jaime; “La Virgen de los Santos y el peso de la tradición”. Revista de apuntes Históricos y de nuestro Patrimonio 1994, pág. 70. Ayto. Alcalá de los Gazules. 

(2) Archivo Histórico Nacional, CONSEJOS, 11992, EXP.34 - 49

martes, 9 de octubre de 2012

El Castillo de Alcalá (II)




ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS 

     El castillo de Alcalá de los Gazules ha sufrido el deterioro que el tiempo del olvido socava en las estructuras. Desde la voladura de las defensas por las tropas napoleónicas hasta la construcción de unos depósitos de agua en el entorno inmediato del castillo, los escombros y desechos se han acumulado en el interior de la torre del homenaje. Como se adelantó, ha sido en este espacio hacia donde se han enfocado las actuaciones arqueológicas. 

     Desde un principio los objetivos que orientaron los trabajos arqueológicos se fundamentaron desde la observación del espacio. La primera tarea sería desescombrar y limpiar, lo que puede dar la impresión de ser un ejercicio que aporte escasos resultados y, sin duda, ingrato. Nada más lejos de la realidad. El concepto de diacronía en arqueología, y por extensión en la Historia, arranca desde nuestro presente y desciende hasta niveles naturales, y entre la superficie y los estratos más profundos existen otros intermedios que permiten comprender como se han desarrollado el proceso de deterioro de la torre y por extensión del castillo. De este modo, identificar los diferentes paquetes de relleno y derrumbe ha permitido reconocer los dos niveles estructurales del primer y segundo piso de la torre. Este reconocimiento enlaza con otros dos objetivos, recuperar de forma sistemática los elementos culturales, ya sean cerámicos, metálicos, óseos o cualquier otro soporte, y documentar las estructuras y contextos de interés que las excavaciones vayan poniendo al descubierto. 

Torre del homenaje del castillo

      Antes de presentar los resultados obtenidos es obligado reseñar, aunque sea de un modo sintético, cómo se ha trabajado, qué metodología se ha utilizado, porque en todo momento se ha intervenido con criterios de índole científica y sistemática. 

     La intervención arqueológica se ha basado en los criterios de excavación en área abierta, es decir, ha sido considerada toda la superficie como un único plano de trabajo (CARANDINI, 1997; ROSKAMS, 2003). Esto fue posible gracias a que nos hallábamos en un contexto cerrado, el interior de la torre del castillo. Los restos de pavimento indicaban las transiciones de un nivel de habitación a otro. Así mismo, el trabajo de extracción se desarrolló a partir de niveles artificiales, dado el enorme cúmulo de derrubios y las continuas remociones del pasado que indicaban la presencia de niveles revueltos. 

     Toda la tierra era revisada antes de ser retirada del lugar de excavación y del mismo modo todos los elementos constructivos (sillares, ladrillos, morteros, principalmente) fueron también controlados, con el objeto de localizar trazas decorativas o de otro tipo. Además de ir recabando datos sobre tipologías y modelos de dichos elementos constructivos, que pudiesen acercarnos a concretar cronologías relativas. Todos aquellos sillares y ladrillos que presentaban un estado de conservación aceptable se reservaron para futuras intervenciones de consolidación-restauración que tuviera lugar en la torre del castillo. 

     Si bien el planteamiento inicial de la excavación se centró desde un principio en el interior de la torre (sector I), pronto hubo que ampliar la superficie a excavar, porque se localizó el acceso (sector II) a las diferentes plantas de habitación de la torre. 

Detalle de la segunda planta del interior de la torre del homenaje

Sector I. Interior de la torre del castillo 

     La primera tarea que se imponía realizar era la limpieza y desbroce de toda la superficie de actuación, incluidos paramentos verticales y coronación de muros y la zona de habitación más alta de la torre (segunda planta), de la que tan sólo quedan restos del pavimento y huellas de las estructuras constructivas en las paredes conservadas. 

     Esta limpieza inicial dejó al descubierto un cúmulo de materiales y tierra, fruto del desmoronamiento de las estructuras constructivas superiores. Entre todos los escombros destacaban grandes restos constructivos, unos procedentes de la cubierta y otros de elementos de sustentación, destacando un pilar en un excelente estado de conservación y grandes fragmentos de arcos de ladrillo. 

     Entre los restos estructurales de derrumbe llamó especialmente la atención un gran fragmento de suelo, que sólo conserva el mortero, situado próximo al muro interior suroeste. Su posición era claramente secundaria, ya que aparecía en una situación casi vertical, lo que da idea de las grandes tensiones sufridas por el edificio. 

Vista general de la planta baja de la torre, mitad sur
     Los morteros medievales no se conocen muy bien, no obstante, no hay ningún proceso técnico destacable en este período. Varían mucho de un sitio a otro y de época en época. Son frecuentemente de mediocre calidad, poco homogéneos y construidos sin la base característica de las construcciones romanas; en el interior, en las paredes hay frecuentemente cavidades. Estas características eran las observadas en los morteros conservados en el interior de la torre. 

     Durante la retirada de materiales la aparición de ladrillos de adobe era constante, buena parte de ellos en perfecto estado de conservación. Éstos estaban presentes en toda la construcción, en pareces, pilares, arcadas, pavimentos... El módulo es quizás el aspecto más interesante, ya que es constante en todos los hallados: 27x13,5x4 cm. Estas medidas están registradas en otros lugares como Huelva, Málaga, Medina Sidonia, Jerez de la Frontera, Badajoz, Montemolín, Évora, Aroche, etc. (PAVÓN, 1996). La cronología de estas construcciones oscila entre los siglos XI y XIV, coherente, por otro lado, con los antecedentes del castillo de Alcalá de los Gazules. 


     Los productos cerámicos recogidos durante las primeras excavaciones correspondían en buena parte a momentos modernos, quizá todos se puedan adscribir al siglo XIX. Esto es bastante razonable, en tanto que la utilización de este espacio llega hasta los comienzos de ese siglo. No obstante, a pesar de ser materiales relativamente recientes, pensamos que su estudio no resta un ápice de interés. Primero, aunque ha sido tradicionalmente una cerámica denostada en muchas excavaciones arqueológicas, creemos que debe ser tenida en consideración, ya que también forma parte de nuestro pasado; y segundo, porque nos ayuda a conocer formas cerámicas más antiguas, dada su prolongada perduración como bien de consumo. 

     Una vez retirado el grueso del material de derrumbe, se imponía conocer la organización estructural del interior de la torre, al menos el de la planta baja, que es la que mejor se conserva: 

Vista general de la planta baja de la torre del homenaje, mitad norte